Cortes de carne: cómo elegirlos, qué aporta la grasa y qué consejos de salud conviene tener en cuenta
Introducción
La carne roja es uno de esos alimentos que despiertan pasión. Para muchas personas, un buen corte de carne a la parrilla representa sabor, tradición, reunión familiar y placer gastronómico. No todos los cortes son iguales: algunos tienen más grasa externa, otros presentan mayor marmoleo interno, algunos son más suaves, otros más intensos en sabor y otros se valoran por su presentación espectacular, como el famoso tomahawk.
Sin embargo, cuando hablamos de carne también es importante hablar de salud. La grasa aporta sabor, jugosidad y textura, pero no significa que debamos consumirla sin medida. Las recomendaciones actuales de salud pública sugieren que una alimentación saludable debe basarse en alimentos poco procesados, frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y proteínas variadas, reduciendo el exceso de grasas no saludables, sodio y azúcares libres. La Organización Mundial de la Salud señala que una dieta saludable debe priorizar alimentos mínimamente procesados y limitar grasas poco saludables, sal y azúcar.
Por eso, esta guía no busca decirte que nunca comas carne, sino ayudarte a entender mejor los cortes, sus diferencias, sus ventajas, sus riesgos cuando se consumen en exceso y la forma más inteligente de disfrutarlos dentro de una dieta equilibrada.
¿Por qué algunos cortes de carne tienen más sabor que otros?
El sabor de la carne depende de varios factores: la raza del animal, su alimentación, la edad, el método de maduración, el tipo de cocción y, por supuesto, la cantidad y distribución de la grasa.
Uno de los conceptos más importantes es el marmoleo. El marmoleo es la grasa intramuscular, es decir, esas pequeñas vetas blancas que se ven dentro del músculo. Esta grasa se derrite durante la cocción y ayuda a que la carne quede más jugosa, tierna y sabrosa. Por eso, cortes como el ribeye suelen ser tan apreciados: no solo tienen grasa externa, sino también grasa interna bien distribuida.
La grasa externa, en cambio, es la capa visible que cubre algunos cortes. Puede proteger la carne durante la cocción y aportar sabor, pero también aumenta el contenido calórico y de grasa saturada si se consume en grandes cantidades.
La clave está en el equilibrio. Un corte con buena grasa puede ser delicioso, pero no debería convertirse en la base diaria de la alimentación.

Punta de anca: un corte con personalidad y buena capa de grasa
La punta de anca es un corte muy popular en varios países de América Latina. Se encuentra en la parte trasera de la res, cerca de la cadera. Es reconocida por su capa de grasa externa, que al cocinarse correctamente puede dar un sabor profundo y una textura muy atractiva.
Una buena punta de anca debe tener color rojo intenso, grasa firme y una capa externa uniforme. Cuando se cocina a la parrilla, muchas personas prefieren dejar la grasa hacia el fuego primero para que se dore y luego girar la pieza para terminar la cocción lentamente.
Desde el punto de vista gastronómico, es un corte ideal para quienes disfrutan carnes con sabor marcado. Desde el punto de vista de la salud, conviene controlar la porción y no acompañarla siempre con más alimentos ricos en grasa, como embutidos, salsas pesadas o papas fritas.
Una porción razonable de carne cocida suele estar alrededor de 100 a 150 gramos para un adulto promedio, aunque las necesidades pueden variar según edad, actividad física, estado de salud y objetivos nutricionales.
Chata: un corte equilibrado y muy apreciado
La chata, conocida en algunos lugares como bife ancho, strip steak o parte del lomo ancho según el país y el despiece, es otro corte muy valorado. Suele tener una buena combinación entre carne magra, grasa externa y algo de marmoleo interno.
Este corte puede ser una excelente opción para quienes buscan sabor sin llegar necesariamente a la intensidad grasa de un ribeye o un tomahawk. Bien cocinada, la chata puede quedar jugosa, tierna y con una textura firme.
Para prepararla de manera más saludable, es recomendable evitar el exceso de sal, no quemar la superficie y acompañarla con vegetales asados, ensalada fresca o una guarnición rica en fibra. La American Heart Association recomienda leer etiquetas y elegir alimentos con menos sodio, azúcares añadidos y grasas saturadas, además de mantener un patrón de alimentación saludable en general.
Ribeye: sabor intenso gracias al marmoleo
El ribeye es uno de los cortes favoritos de los amantes de la carne. Su principal atractivo es el marmoleo. Al tener grasa distribuida dentro del músculo, se vuelve muy jugoso y sabroso cuando se cocina a la parrilla, en sartén de hierro o al horno.
Este corte proviene de la zona de las costillas. Cuando conserva el hueso largo, se presenta como tomahawk, un corte visualmente impactante que se ha vuelto muy popular en restaurantes, redes sociales y reuniones familiares.
El ribeye es delicioso, pero también puede ser alto en grasa saturada. La American Heart Association recomienda limitar las grasas saturadas a menos del 6 por ciento de las calorías diarias, ya que pueden elevar el colesterol LDL, conocido como colesterol “malo”, y aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.
Esto no significa que nunca puedas comer ribeye. Significa que conviene reservarlo para ocasiones especiales, cuidar la porción y equilibrar el resto del día con alimentos más ligeros y ricos en fibra.
Tomahawk: el corte más llamativo
El tomahawk es básicamente un ribeye con el hueso largo de la costilla. Su forma recuerda a un hacha, de ahí su nombre. Es un corte grande, vistoso y muy atractivo para compartir.
Su sabor suele ser intenso porque combina marmoleo, grasa externa y hueso. Aunque el hueso no “inyecta” sabor como a veces se cree de forma exagerada, sí ayuda a conservar cierta humedad y aporta una presentación espectacular.
El problema del tomahawk no es solo la grasa, sino el tamaño. Muchas veces se vende en piezas muy grandes, por lo que una persona puede terminar comiendo mucho más de lo recomendable. Si vas a preparar un tomahawk, lo más sensato es compartirlo entre varias personas y acompañarlo con vegetales, no con más carnes procesadas.
Lomo o solomillo: más magro, pero menos intenso
El lomo, también llamado solomillo en algunos países, es uno de los cortes más suaves de la res. Tiene poca grasa, una textura muy tierna y un sabor más delicado. Muchas personas lo consideran elegante porque se corta fácil y tiene poca fibra dura.
Sin embargo, para quienes aman el sabor intenso de la grasa, el lomo puede parecer menos emocionante. Al tener poco marmoleo, puede secarse si se cocina de más. Por eso es importante prepararlo con cuidado, evitando puntos de cocción demasiado pasados.
Desde el punto de vista nutricional, el lomo puede ser una opción más conveniente para personas que quieren reducir grasa saturada, siempre que no se acompañe con salsas pesadas, mantequilla en exceso o guarniciones ultraprocesadas.
¿La grasa de la carne es buena o mala?
La respuesta correcta es: depende de la cantidad, el contexto y la salud de cada persona.
La grasa de la carne aporta sabor, energía y ayuda a transportar vitaminas liposolubles como A, D, E y K. Sin embargo, muchas carnes rojas grasas también contienen cantidades importantes de grasa saturada. Consumir demasiada grasa saturada de forma habitual puede afectar negativamente el perfil de colesterol en algunas personas.
Además, no todas las personas tienen el mismo riesgo. Una persona físicamente activa, con análisis normales y dieta equilibrada no tiene el mismo contexto que alguien con colesterol alto, hipertensión, diabetes, obesidad o antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular.
Por eso, el consejo más responsable no es demonizar la grasa ni glorificarla. Lo mejor es aprender a elegir, moderar y variar.
Carne roja y salud: lo que conviene saber
La carne roja puede aportar proteínas de alta calidad, hierro hemo, zinc, vitamina B12 y otros nutrientes importantes. Estos nutrientes son útiles para la formación de glóbulos rojos, el mantenimiento muscular y varias funciones metabólicas.
Pero también hay riesgos asociados al consumo excesivo, especialmente cuando se trata de carnes procesadas como salchichas, tocino, embutidos, jamones curados, carnes ahumadas o productos con mucha sal y conservantes.
La evidencia científica distingue entre carne roja fresca y carne procesada. Harvard Health señala que conviene tener especial cuidado con las carnes procesadas, como tocino, embutidos y hot dogs, y que la carne roja sin procesar no debe tratarse igual que los productos curados, salados o ahumados.
También se recomienda reducir la frecuencia de consumo de carne roja. Algunas guías de salud pública sugieren limitarla a 2 o 3 veces por semana y aumentar la presencia de verduras, frutas y otros alimentos protectores. La Junta de Andalucía, por ejemplo, recomienda reducir el consumo de carnes rojas a un máximo de 2 a 3 veces por semana y aumentar verduras y frutas para ayudar a prevenir enfermedades crónicas.
El gran error: convertir la carne en el centro de todos los platos
Uno de los errores más comunes es pensar que una comida “buena” debe estar centrada siempre en un gran trozo de carne. La carne puede formar parte de una alimentación saludable, pero no debería desplazar constantemente a verduras, legumbres, frutas, cereales integrales, frutos secos y pescado.
Un plato más equilibrado podría incluir una porción moderada de carne, una buena cantidad de verduras, una fuente de carbohidrato saludable como papa cocida, arroz integral, yuca, quinoa o maíz, y una grasa de mejor perfil como aceite de oliva, aguacate o frutos secos.
El objetivo no es comer menos sabor, sino comer con más inteligencia.
Consejos para elegir un buen corte de carne
Al comprar carne, observa el color. Debe ser rojo vivo o rojo cereza, dependiendo del corte y del tiempo de exposición al oxígeno. Evita piezas con olor desagradable, textura viscosa o color extraño.
Mira la grasa. Una grasa blanca o ligeramente cremosa suele indicar frescura. El marmoleo puede ser positivo para el sabor, pero si estás cuidando tu salud cardiovascular, no elijas siempre los cortes más grasosos.
Pregunta por el origen y el tipo de corte. Muchas veces el mismo corte tiene nombres distintos según el país. Lo importante es entender de qué zona viene, cuánta grasa tiene y cuál es su mejor método de cocción.
Si quieres más sabor, elige ribeye, tomahawk, punta de anca o chata. Si quieres una opción más magra, busca lomo, solomillo, posta, muchacho o cortes con menor grasa visible.
Cómo cocinar carne de forma más saludable
La forma de cocinar también importa. No es lo mismo preparar carne a la parrilla con exceso de sal y partes quemadas que cocinarla a temperatura controlada, con buena técnica y acompañamientos saludables.
Evita quemar la carne. Las partes carbonizadas pueden generar compuestos no deseables. Lo ideal es dorar sin carbonizar.
Usa sal con moderación. La carne ya tiene sabor propio, especialmente si es un buen corte. Puedes usar especias, ajo, romero, pimienta, tomillo, limón o marinados naturales.
No agregues demasiada mantequilla o salsas cremosas. Si el corte ya tiene grasa, no necesita mucha grasa extra.
Deja reposar la carne después de cocinarla. Esto ayuda a conservar los jugos y mejora la textura.
Acompaña con verduras. Ensaladas, vegetales asados, champiñones, pimientos, cebolla, calabacín o espárragos equilibran mejor el plato.
¿Cuál es el mejor corte?
Si hablamos de sabor intenso, muchas personas elegirían el ribeye o el tomahawk por su marmoleo y jugosidad. Si hablamos de equilibrio entre sabor y textura, la chata es una gran opción. Si hablamos de una carne más magra, el lomo puede ser mejor. Si hablamos de tradición parrillera, la punta de anca tiene un lugar especial.
Pero desde el punto de vista de la salud, el mejor corte no es siempre el más grasoso ni el más grande. El mejor corte es el que se adapta a tu objetivo, tu estado de salud, tu frecuencia de consumo y tu forma de prepararlo.
Para una ocasión especial, un tomahawk compartido puede ser una experiencia deliciosa. Para una comida más frecuente, un corte más magro y una porción moderada pueden ser una decisión más inteligente.
¿Cuánta carne roja se puede comer?
No existe una cantidad perfecta para todo el mundo. Sin embargo, muchas recomendaciones coinciden en moderar el consumo. Una pauta práctica es consumir carne roja no procesada unas 1 a 3 veces por semana, priorizando cortes frescos y evitando que la carne procesada sea habitual.
Las personas con colesterol alto, hipertensión, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal, diabetes o antecedentes familiares importantes deberían consultar con un médico o nutricionista antes de aumentar el consumo de carnes grasas.
También es buena idea alternar con pescado, pollo sin piel, huevos, legumbres, tofu, frutos secos y semillas. Las guías de salud cardiovascular de la American Heart Association recomiendan priorizar fuentes saludables de proteína, reducir carnes procesadas y elegir cortes magros cuando se consume proteína animal.
Mitos comunes sobre la carne
Uno de los mitos más repetidos es que “la carne no causa problemas porque es natural”. Que un alimento sea natural no significa que se pueda comer sin límite. El agua también es natural, pero en exceso puede ser peligrosa. La clave siempre está en la cantidad y el contexto.
Otro mito es que “si no tiene grasa, no sirve”. Es cierto que la grasa da sabor, pero un corte magro bien preparado también puede ser delicioso. La técnica de cocción, el reposo, el punto adecuado y los condimentos naturales hacen una gran diferencia.
También se dice que “el ser humano no hace alergia a la carne”. Aunque la alergia a la carne es menos común que otras alergias alimentarias, sí puede existir en algunas personas. Además, una cosa es alergia y otra son problemas digestivos, intolerancias, reflujo, colesterol elevado o enfermedades asociadas al exceso de ciertos alimentos.
Conclusión
La carne puede ser un alimento sabroso, nutritivo y parte de una dieta equilibrada cuando se consume con moderación. Cortes como la punta de anca, la chata, el ribeye y el tomahawk destacan por su sabor, grasa y jugosidad. El lomo, por otro lado, ofrece una opción más magra y suave.
La grasa aporta sabor, pero también debe manejarse con cuidado, especialmente si se consume carne roja con frecuencia. La mejor decisión no es eliminar todos los cortes grasos ni comerlos todos los días, sino aprender cuándo disfrutarlos, en qué cantidad y con qué acompañamientos.
Si quieres cuidar tu salud sin renunciar al placer de una buena carne, recuerda tres reglas simples: elige cortes de calidad, controla la porción y acompaña siempre con alimentos frescos y ricos en fibra. Así podrás disfrutar el sabor de la carne sin olvidar lo más importante: tu bienestar a largo plazo.